Zona de Recreación
Varios estudios han demostrado la interconexión que se
produce en el desarrollo motor, social y cerebral del niño cuando juega
en el parque, lo que le reporta múltiples beneficios:
Le ayuda con las matemáticas. En el parque
el niño aprende dominio espacial, movimiento, formas… Todo ello le
entrena para comprender mejor los conceptos matemáticos.
- Mejora su control corporal. Las habilidades motoras se desarrollan hasta los 5 años. Gracias a ellas tu hijo podrá ir realizando actividades cada vez más complejas (coger un lapicero y escribir, jugar al tenis…). Las acciones repetitivas que lleva a cabo jugando en el parque le ayudan a adquirir fuerza y destreza en los diferentes grupos musculares.
- Adquiere seguridad en sí mismo. Son precisamente estas acciones tan reiterativas las que hacen que se vaya sintiendo más seguro de sus propias capacidades cuando empieza a jugar solito en el parque, algo que a su vez refuerza mucho su autoestima y fomenta su “independencia”.
- Se sociabiliza. Hasta más o menos los 2 años el niño juega en paralelo, es decir, no interactúa con los demás pequeños, sólo los observa y en ocasiones, los imita. A medida que va madurando aprende habilidades sociales (espera su turno, tiene en cuenta las opiniones ajenas, tolera mejor sus frustraciones...) y empieza a jugar cada vez más en grupo. Haz lo posible por ir al parque siempre a la misma hora, para coincidir con los mismos niños y fomentar así los lazos de amistad con ellos.
- Amplía su vocabulario. Tu hijo tendrá que usar el lenguaje para negociar y entender a los otros niños. Si todavía no puede expresarse bien, en casa enséñale frases que le sirvan para desenvolverse mejor en el parque.
- Gana salud. Jugar al aire libre le mantiene en forma, le da hambre, le facilita el sueño... Y la exposición a la luz solar contribuye a sintetizar la vitamina D, que tanto necesita para el desarrollo de su sistema óseo.
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